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Todo empieza con una charla tranquila, una videollamada con mate o café de por medio. Me cuentan cómo imaginan ese día. Qué sueñan. Qué no puede faltar. Y sobre todo: qué quieren que los invitados sientan al recibir su invitación.

Después viene el alma del diseño:

el moodboard (tablero de inspiración) Colores, texturas, detalles. Esas pequeñas pistas que me hablan de ustedes, de su estilo, de su historia.

Desde ahí nace todo. Y empieza el recorrido hasta llegar al diseño final: uno que no solo se ve lindo, sino que se siente. Que emociona. Que conecta.

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